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octubre de 2025 · 6 min de lectura

La muerte del saber experto (y qué lo sustituye)

Cuando cualquiera puede sonar a experto.

Vida digital El futuro

La semana pasada vi a un amigo escribir una entrada de blog muy detallada sobre inmunología. Es diseñador gráfico. Se ayudó de ChatGPT para redactarla y luego la pulió él mismo. El resultado parece escrito por alguien que entiende el tema a fondo: cita estudios, usa la terminología correcta, explica los mecanismos con precisión.

Mi amigo no mintió, nunca dijo ser un experto ni se atribuyó títulos que no tiene: lo único que hizo fue producir prosa con voz de experto sobre un campo del que hace un mes no sabía nada. Y cuando le pedí que me explicara uno de los conceptos sobre los que había escrito, no supo. La comprensión estaba en el texto, no en su cabeza.

Esto empieza a ser lo normal.

La ilusión del saber experto

El saber experto solía tener marcas reconocibles: años de formación, títulos, una trayectoria de trabajo a la vista. Si alguien escribía con aplomo sobre un asunto técnico, podías suponer que sabía de qué hablaba. Para producir un texto con voz de experto había que serlo, o al menos haber dedicado muchas horas a documentarse: ese era el listón, y la IA lo ha derribado.

Producir contenido con aire de experto se ha vuelto trivial: cualquiera con acceso a un modelo de lenguaje puede generar un texto que parece escrito por un especialista. Se ha democratizado la forma del saber experto mientras la sustancia se quedaba donde estaba, y eso abre una brecha entre la apariencia y la realidad.

El problema está en que el humano que firma como autor no entiende lo que ha escrito, y no en que la IA diga cosas falsas: las afirmaciones de la entrada de mi amigo eran correctas, hasta donde pude comprobar. Quien firma así no puede responder a una pregunta de seguimiento, ni captar un matiz, ni reconocer un caso límite, ni aplicar ese conocimiento a una situación nueva. Es un canal por el que pasa la información, no alguien que la sabe.

Lo que perdemos

La pericia de verdad es algo más que saber datos: es tener un modelo mental de un campo, entender por qué las cosas funcionan como funcionan, poder razonar sobre una situación nueva porque conoces a fondo cómo se mueve ese terreno.

Cuando un inmunólogo de verdad escribe sobre la respuesta inmunitaria, está tirando de miles de horas de estudio, de investigación, de observación clínica. Puede decirte qué pasa y también por qué pasa, en qué no estamos seguros, cuáles son los debates abiertos, en qué se aparta este caso del manual. Tiene criterio, que es bastante más que tener información.

La escritura asistida por IA reproduce la información, pero el criterio no, y los lectores muchas veces no lo distinguen: el texto tiene el mismo aspecto, y las credenciales casi nunca se comprueban. Estamos creando un entorno en el que la pericia de pega prolifera sin que nada la distinga de la auténtica.

El problema de la confianza

Nuestros sistemas sociales descansan sobre la confianza en el saber experto. Das por hecho que quien escribió el artículo médico tiene formación médica, que el analista financiero entiende los mercados, que la documentación técnica la redactó alguien que conoce el sistema.

Cuando esa confianza se erosiona, pasan varias cosas malas a la vez. Los expertos de verdad se vuelven más difíciles de identificar, porque su escritura tiene el mismo aspecto que la de cualquiera; las señales en las que nos apoyábamos, la soltura, el aplomo, el vocabulario técnico, ya no separan lo auténtico de la imitación.

El propio saber experto se devalúa. ¿Para qué pasarse años aprendiendo una materia si puedes producir en minutos un texto con voz de experto? El incentivo para entender a fondo se debilita cuando una comprensión superficial más una IA da resultados visibles parecidos.

Y la responsabilidad se vuelve turbia. Cuando algo sale mal porque alguien siguió un consejo elaborado con ayuda de la IA que pasó por alto lo que un experto habría visto, ¿quién responde? Puede que la persona que generó el contenido no lo entienda lo suficiente ni para saber qué falló.

Qué lo sustituye

No creo que el saber experto muera; cambia de forma.

La versión nueva se parecerá menos a «saber mucho de X» y más a saber evaluar con espíritu crítico lo que se afirma sobre X, saber qué preguntas hay que hacer y reconocer qué aspecto tiene un buen razonamiento sobre ese asunto.

Es la diferencia entre ser una biblioteca y ser un buen bibliotecario. La biblioteca guarda el conocimiento; el bibliotecario sabe cómo encontrar lo que necesitas, cómo valorar las fuentes, cómo darse cuenta de que falta algo. En un mundo en el que producir información sale barato, la selección y el criterio ganan valor.

Lo paradójico es que esto podría hacer que la pericia profunda de toda la vida valga más, y no menos. Cualquiera puede producir contenido con voz de experto, pero solo quien entiende de verdad puede juzgar si ese contenido es bueno, cazar los errores sutiles, saber cuándo la IA se equivoca con todo el aplomo del mundo. La necesidad de saber experto real no desaparece: se desplaza un escalón hacia arriba.

Vivir en la transición

Estamos en ese periodo incómodo en el que las viejas señales del saber experto se han roto y las nuevas todavía no han aparecido. No puedes fiarte de que un texto con voz de experto refleje una comprensión de experto, ni distinguir con facilidad quién sabe algo de verdad y quién solo ha producido prosa fluida sobre ello.

Algunas consecuencias prácticas: comprueba más y fíate menos. Verifica las afirmaciones por tu cuenta cuando importen. Fíjate en si alguien es capaz de responder a las preguntas de seguimiento, de discutir las objeciones, de explicar su razonamiento. Busca trayectorias y comprensión demostrada antes que un texto bien acabado.

Y si eres tú quien produce contenido con ayuda de la IA, sé sincero sobre lo que entiendes de verdad. Usar la IA para escribir sobre algo que estás aprendiendo es perfectamente legítimo; hacer como que entiendes lo que no entiendes, no.

La entrada de inmunología de mi amigo sigue publicada. Es correcta, está bien escrita y les resulta útil de verdad a quienes la leen. Él fue sincero sobre cómo la hizo. Pero existe en un espacio raro: información correcta entregada por alguien que no la entiende, e indistinguible de lo que habría producido un experto.

Esto es lo que hay ahora: contenido con voz de experto por todas partes, de cualquiera. Preguntarse si esto va a cambiar nuestra relación con el saber experto llega tarde, porque ya la ha cambiado; lo que queda por resolver es cómo construimos sistemas de confianza nuevos cuando las señales viejas se han roto.

No tengo una respuesta completa. Sospecho que pasa por dar más importancia a la comprensión demostrada y menos al texto pulido; por fijarnos en trayectorias y reputaciones antes que en piezas sueltas de contenido; por valorar el criterio y la selección por encima de la producción de información.

El saber experto no ha muerto, solo cuesta más verlo.

Escrito por

Javier del Puerto

Fundador de Kwalia