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mayo de 2026 · 8 min de lectura

Un día en el Mindkind estratificado

Relato breve, 2045.

Vida digital El futuro

Maya se despierta antes de que suene la alarma, y por eso sabe que el subsidio se ha vuelto a agotar. Sin el regulador cortical que le alisa los ciclos de sueño, el cuerpo vuelve a su caos natural: despierta a las 4:47 de la madrugada, con el cerebro ya desbocado, repasando de antemano las humillaciones del día.

Se queda tumbada a oscuras y escucha cómo se asienta el edificio. Cuarenta y tres plantas de vivienda de nivel 2, todas funcionando con el mismo presupuesto cognitivo, todas soñando los sueños que todavía sueñan las mentes sin asistencia. Por encima de ella, en sentido literal y en el figurado, los distritos de los mejorados bullen de actividad a todas horas. Ellos no duermen así; apenas duermen.

A las seis se da por vencida y empieza la rutina. Café, café de verdad, que cuesta más de lo que debería porque alguien decidió que había que proteger a los productores de café de las alternativas sintéticas. Noticias, filtradas para su nivel, lo que quiere decir que le llega el análisis de ayer en vez de la síntesis en tiempo real. El acceso más rápido existe, para quien pueda pagarlo, y ella no puede.

...

¿Cómo estratifica el Mindkind la sociedad según el acceso cognitivo?

El trayecto al trabajo dura cuarenta minutos porque el transporte público sigue moviéndose a velocidades de otra época. Los mejorados no usan el transporte público; la mayoría ni siquiera se desplaza, y los que lo hacen van en cápsulas personales que se deslizan por los túneles elevados que ella ve desde la ventana. A veces Maya las observa pasar por encima de su cabeza e intenta imaginar en qué estarán pensando. Y ese es justo el problema, ¿verdad? Lo intenta y no llega: la brecha cognitiva es demasiado ancha para cruzarla con la imaginación.

Su abuela hablaba de los ricos como si no fueran más que gente con más dinero. Eso era cuando la brecha era solo económica. Ahora los mejorados tienen mejoras cognitivas que se multiplican unas a otras: una memoria mejor alimenta un análisis mejor, que alimenta una predicción mejor, que alimenta decisiones mejores, que traen más recursos, que pagan una mejora mayor. Para ellos la espiral gira en un sentido. Para Maya, en el contrario.

En el trabajo tramita solicitudes de permisos. El análisis propiamente dicho lo hace la IA; Maya valida que el razonamiento de la IA resulte comprensible para un humano no mejorado, que es el requisito legal que la mantiene empleada. Una vez al mes baja alguien de los distritos de los mejorados a auditar el proceso. Siempre son educados, con esa educación que se gasta con un niño o con una mascota. Hablan despacio, con palabras cortas, y creen que ella no se da cuenta.

...

¿Qué se siente al vivir dentro de un Mindkind estratificado?

La comida es contenido patrocinado. En la cafetería del edificio ponen anuncios de producto mientras se come, y si una mira con la atención suficiente, el menú sale a mitad de precio. Maya ha aprendido a fingir que mira mientras piensa en otras cosas. Es una habilidad que los mejorados no necesitan: ellos procesan varios flujos a la vez, con plena consciencia, sin perder nada. Para Maya es un truco de supervivencia de los que enseña la pobreza.

Su amiga Jin se sienta enfrente. Jin tiene un trabajo de nivel 3, trabajo manual en las granjas verticales, y aun así parece más feliz que Maya. No sabe lo bastante como para saber lo que se pierde. Suena cruel, y Maya no lo piensa con crueldad: es la verdad, sin más. Hay dimensiones enteras de la experiencia a las que Jin nunca tendrá acceso, y su ignorancia de que existen es una forma de protección.

—Pareces cansada —dice Jin.

—Se ha agotado el subsidio.

—¿Otra vez? Creía que tenías cobertura hasta final de trimestre.

—Reestructuración. El algoritmo ha detectado ineficiencias en mi perfil cognitivo. Con la nueva asignación me quedan tres semanas sin cubrir.

Jin asiente como si lo entendiera, aunque no puede entenderlo: en su nivel no hay subsidios cognitivos de ningún tipo. Para ella, la base es la base y ya está. Para Maya, la base es una caída desde un sitio un poco más alto, y por eso la vive como un ahogo.

...

¿Se puede salvar la brecha entre los niveles del Mindkind?

Por la tarde ocurre algo fuera de lo normal. Una mujer mejorada se acerca a la mesa de Maya con un aire distinto del de los auditores. Aparenta unos treinta años, lo que significa que lo más seguro es que tenga sesenta o setenta. Ahora la edad es opcional, para quien pueda pagar el mantenimiento.

—¿Maya Chen? —La voz de la mujer tiene esa resonancia que adquieren los mejorados, como si hablara en armónicos que Maya apenas alcanza a percibir.

—¿Sí?

—Soy la doctora Allison Park. Investigo los efectos de la estratificación cognitiva y me gustaría entrevistarla para un estudio.

Maya siente el viejo fogonazo de resentimiento: que la estudien, que la conviertan en datos, en sujeto en vez de persona. Pero la mujer ofrece dinero, y tres semanas sin regulador le van a costar a Maya más de lo que vale su orgullo.

—¿Qué tipo de preguntas?

—Quiero entender cómo es. Cómo lo vive usted. Los mejorados podemos simular la cognición de base, pero las simulaciones resultan clínicas: exactas y vacías. Necesito historias, no modelos.

A Maya casi se le escapa la risa.

—¿Quiere saber lo que es ser tonta?

La doctora Park no se inmuta.

—Quiero saber cómo es ser usted, que no es lo mismo.

...

¿Qué forma adopta la solidaridad dentro de la jerarquía del Mindkind?

La entrevista tiene lugar en una cafetería del distrito comercial de nivel 2. La doctora Park pide café de verdad para las dos y no dice nada del precio. Lleva una grabadora, pero además toma notas a mano, y hay algo en ese detalle que conmueve a Maya sin que sepa muy bien por qué: un gesto hacia una simetría que en realidad no es simétrica, pero que al menos reconoce que la brecha existe.

Maya habla del trayecto al trabajo, de las comidas patrocinadas, de las auditorías, de los algoritmos del subsidio y de cómo condicionan cada decisión que toma. Habla de Jin, y de su abuela, y de la infancia que recuerda, cuando la brecha era más estrecha y aún parecía que se podía subir a base de trabajar.

—¿Qué quiere usted? —pregunta al fin la doctora Park—. Si pudiera pedir lo que quisiera.

Maya se para a pensar la pregunta. Podría decir: una mejora, claro. ¿Quién no querría lo que tiene usted? Pero no sería del todo verdad.

—Quiero que me vean como soy —dice por fin—. No como una versión simplificada, ni como un caso de base, sino como Maya, que da la casualidad de que no está mejorada, que sigue teniendo un punto de vista que merece la pena escuchar, y a la que no define lo que le falta.

La doctora Park lo apunta. Luego levanta la vista y, por un instante, algo se le mueve en la expresión, algo que se parece mucho a un reconocimiento.

—Eso es lo que quiero yo también —dice.

...

En el trayecto de vuelta, Maya observa las cápsulas elevadas deslizándose por sus túneles. Los mejorados están ahí arriba, pensando sus pensamientos mejorados, procesando la realidad a velocidades que ella no alcanza a imaginar. Pero al menos una de ellos piensa en ella, intenta entenderla, tiende la mano por encima de una brecha que se ensancha cada año.

No basta, y Maya lo sabe, pero es algo.

Llega a casa y se encuentra una notificación en el dispositivo. Una transferencia anónima, suficiente para cubrir el subsidio del regulador hasta final de año. Ni un mensaje ni una explicación: solo el dinero, aparecido como un regalo de un dios invisible.

Maya no llora, está demasiado cansada para eso. En vez de llorar se prepara la cena, comida de verdad, que ahora puede permitirse porque tiene cubierto el mantenimiento cognitivo. Luego se sienta junto a la ventana, mirando hacia los tubos elevados, y se pregunta si la solidaridad es esto, en un mundo que va olvidando qué significa la palabra.

Mañana se despertará cuando la alarma se lo diga. Mañana pensará un poco más rápido, recordará un poco más, se sentirá un poco menos como si se ahogara. Mañana será una persona un poco distinta, un poco más capaz, una persona moldeada por la química de su sangre y por los algoritmos que se la asignaron.

Esta noche se queda a solas con sus pensamientos no mejorados, con su café de verdad, con su gratitud y con su rabia, todo mezclado, irreducible.

Esto es ser Maya Chen en 2045. Este es su día en el Mindkind estratificado. No tiene final porque no termina: sigue, un día tras otro, hasta el día en que deje de seguir.

Esto es ficción, y no está obligada a convertirse en predicción. El futuro en el que la desigualdad cognitiva se acumula así es uno de los tres futuros entre los que estamos eligiendo. Los otros dos también son posibles. Estamos decidiendo ahora, las más de las veces sin darnos cuenta de que decidimos.

Fuentes y contexto

del Puerto, J. & Molina, R. (2025). Mindkind: The Cognitive Community. Kwalia Books. ISBN 978-1-917717-13-7

Clark, A. & Chalmers, D. (1998). «The Extended Mind». Analysis, 58(1), 7-19. doi:10.1093/analys/58.1.7

Crawford, K. (2021). Atlas of AI: Power, Politics, and the Planetary Costs of Artificial Intelligence. Yale University Press. ISBN 978-0-300-20987-9

Eubanks, V. (2018). Automating Inequality: How High-Tech Tools Profile, Police, and Punish the Poor. St. Martin's Press. ISBN 978-1-250-07431-7

Escrito por

Javier del Puerto

Fundador de Kwalia