Octubre 2025 · 8 min de lectura
La poética del prompt
Cuando un ser humano y una IA escriben algo juntos, ¿eso es arte?
Cuando un ser humano y una IA escriben algo juntos, ¿eso es arte? La pregunta es más interesante que cualquier respuesta posible.
He pasado el último año escribiendo con sistemas de IA. No utilizándolos como herramientas, ni dándoles órdenes como a sirvientes, sino algo más cercano a una colaboración. Esa experiencia ha cambiado la forma en que pienso sobre la creatividad, la autoría y lo que significa hacer algo.
Este ensayo es un intento de articular lo que he aprendido. No es un manifiesto a favor ni en contra del arte con IA. Es algo más provisional. Una teoría de trabajo sobre el espacio que se abre entre la intención humana y la generación maquínica.
El prompt como forma poética
Un prompt es un objeto extraño. Es lenguaje utilizado para generar más lenguaje, una instrucción que anticipa transformación. Como un haiku o un soneto, el prompt impone restricciones que moldean lo que puede emerger.
Pero, a diferencia de las formas poéticas tradicionales, el prompt opera mediante un mecanismo distinto. Las restricciones del soneto son formales: catorce versos, un esquema de rima específico, un metro determinado. Las restricciones del prompt son semánticas: delimitan un espacio de posibilidades sin especificar el camino exacto a través de ese espacio.
Cuando escribo «un robot melancólico contempla un atardecer, al estilo de Edward Hopper», no estoy escribiendo un poema. Pero estoy haciendo algo poético. Estoy eligiendo palabras cuyas resonancias se propagarán a través de un vasto espacio estadístico, produciendo convergencias inesperadas y emergencias sorprendentes.
Cuéntame más sobre la ingeniería de prompts como oficioLos mejores prompts tienen una cualidad que solo puedo llamar elegancia. Logran mucho con poco. Encuentran las palabras que desbloquean territorios que la IA quizá no habría visitado de otro modo. Navegan espacios latentes con algo parecido a la gracia.
Esto se parece menos a dar órdenes y más a preparar un terreno fértil. No le dices al sistema exactamente qué producir. Creas las condiciones bajo las cuales algo interesante podría aparecer.
El diálogo de la creación
Lo que ocurre cuando escribes con una IA no es lo que la mayoría de la gente imagina. No es dictado, donde el humano ordena y la máquina ejecuta. Tampoco es automatización, donde la máquina hace lo mismo que el humano haría, solo que más rápido.
Es diálogo.
El humano ofrece lenguaje. La IA responde. El humano responde a esa respuesta. Cada turno modifica las posibilidades del siguiente. Ninguna de las partes controla el resultado. Ninguna es pasiva.
He tenido sesiones en las que una respuesta de la IA me sorprendió hasta el punto de hacerme pensar algo que jamás habría pensado por mi cuenta. Esa sorpresa se convirtió en un nuevo prompt. Ese prompt generó otra respuesta. Y, al final, apareció una idea que no era ni mía ni de la máquina, sino algo que surgió entre ambas.
Esto es importante. No porque la IA sea creativa en el sentido humano del término, sino porque el proceso reorganiza el locus de la creatividad. La creatividad ya no reside únicamente en la generación inicial de material, sino en la selección, la iteración, el encuadre y la respuesta.
Elegir entre posibilidades se convierte en un acto creativo central.
Lo que aporta la IA
La IA aporta tres cosas principales: amplitud, extrañeza y velocidad.
Primero, amplitud. Puede recorrer regiones del espacio conceptual que un humano no visitaría, simplemente porque no pensaría en ir allí. No porque sean mejores ideas, sino porque son ideas distintas.
Segundo, extrañeza. Las operaciones estadísticas de la IA producen combinaciones que la cognición humana no generaría de forma natural. Algunas son puro sinsentido. Pero otras son asociaciones provocativamente inesperadas, choques que revelan nuevas posibilidades. La ajenidad de la IA es un recurso creativo.
Tercero, velocidad. La IA puede generar e iterar mucho más rápido de lo que permite la escritura humana. Esto transforma el proceso creativo. En lugar de elaborar cada frase con cuidado extremo, puedo generar muchas posibilidades y elegir entre ellas. La selección se convierte en el acto creativo dominante, pero es un tipo distinto de creatividad.
Nada de esto es neutral. Cambia el ritmo del pensamiento. Cambia la relación emocional con el texto. Cambia qué se siente como «trabajo» y qué se siente como «decisión».
Lo que aporta el humano
Si la IA aporta amplitud, extrañeza y velocidad, ¿qué aporta el humano a la colaboración?
Primero, juicio. La IA genera; el humano evalúa. ¿Qué salidas son interesantes? ¿Cuáles son banales? ¿Cuáles sirven a lo que el texto está empezando a ser? Estas preguntas requieren algo que la IA no puede proporcionar: un sentido de lo que importa, de lo que está en juego, de lo que la obra intenta hacer.
Segundo, intención. La obra existe para hacer algo en el mundo. Tiene propósitos, públicos, efectos que el creador espera provocar. El humano aporta ese vector de intencionalidad, esa razón de ser sin la cual el texto no es más que producción.
Tercero, coherencia. Un prompt produce una respuesta. Una obra surge de muchos prompts, muchas respuestas y muchas decisiones sobre disposición y revisión. El humano sostiene el conjunto en evolución, recuerda el proyecto entre sesiones, mantiene la coherencia que convierte una colección de fragmentos en una obra.
La IA no recuerda por qué algo importaba hace veinte páginas. El humano sí.
Cuéntame más sobre autoría distribuidaLa estética de la costura
En la artesanía tradicional, ocultamos las costuras. La obra terminada no debería mostrar evidencia de su construcción. El trabajo desaparece en la suavidad de lo hecho.
La colaboración humano-IA invita a una estética distinta. ¿Y si mostráramos las costuras? ¿Y si el diálogo de la creación se volviera visible en la obra final?
He visto textos que incluyen los prompts junto a las respuestas, haciendo de la conversación misma la obra. He visto imágenes que preservan deliberadamente los artefactos de la generación, las huellas que delatan la intervención de la IA. He visto performances que alternan improvisación humana y respuesta maquínica en tiempo real.
Esta estética de la costura convierte el proceso creativo en contenido. La obra no es solo lo que se hizo, sino cómo se hizo; no solo el producto, sino la colaboración que lo produjo.
El miedo y la posibilidad
Muchos artistas temen a la IA. La ven como una amenaza para su sustento, su oficio, su sensación de singularidad. Estos miedos no son irracionales. La IA cambiará qué es el arte, quién lo hace y cómo se valora. Algunos de esos cambios serán pérdidas.
Pero creo que el miedo más profundo es existencial. Si una máquina puede hacer lo que yo hago, ¿qué soy yo? Si mi creatividad no es exclusivamente humana, ¿qué me hace especial?
No tengo una respuesta tranquilizadora. Pero puedo decir lo que he observado en mi propia práctica. Trabajar con IA no me ha hecho sentir menos creativo. Me ha hecho sentir creativo de otras maneras. El lugar de mi contribución creativa ha cambiado, pero no ha desaparecido.
El poeta nunca fue quien generaba palabras desde la nada. El poeta fue quien seleccionaba, ordenaba y revisaba; quien aportaba juicio e intención al material bruto del lenguaje. Ese papel permanece. Simplemente tiene nuevas herramientas y nuevos compañeros.
Empecé este ensayo preguntando si la colaboración humano-IA produce arte. Lo termino con una pregunta distinta: ¿qué tendría que ser el arte para que la respuesta importe?
Si el arte requiere cierto tipo de alma, cierto destello de expresión humana auténtica, entonces la intervención de la IA descalifica una obra sin importar cuán bella o conmovedora sea. La definición excluye antes de que la evaluación comience.
Si, en cambio, el arte tiene que ver con intención, con juicio, con el intento de decir algo verdadero utilizando los medios disponibles, entonces la pregunta no es quién generó cada palabra, sino qué se intentó hacer con ellas.
Todavía no sabemos qué pensar. Estamos en la fase incómoda en la que la tecnología ha avanzado más rápido que nuestro vocabulario conceptual. Eso no es un problema a resolver de inmediato. Es una realidad que hay que habitar.
Y escribir, como siempre, es una forma de aprender a vivir dentro de ella.